… y Mozart.

“….Tres rifles, provisiones para un mes… y Mozart”, que decía  Finch-Hatton.

A mi me sobran los rifles, y me llevaría otras cosas, pero con lo de las provisiones y Mozart no puedo estar más de acuerdo.

Pero de Wolfgang Amadeus Mozart (que murió hace ya 223 años y 3 días), de él, en cambio nunca sobra nada. Aunque si tuviera que escoger una obra, sin dudarlo sería su Concierto para clarinete en La mayor, K. 622, y me valen los tres movimientos, pero el adagio es devoción.

De “Memorias de África” (1985), no sabría con que escena quedarme, pero si tuviera que hacerlo seria con la secuencia en la que Finch-Hatton le lava la cabeza a Karen Blixen.

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No suena Mozart en esa escena,  Finch-Hatton recita de forma libre una estrofa de “La Canción del Viejo Marinero” de Samuel Taylor Coleridge.

Esa cara de ella, es gesto de él, esa paz y alboroto contenidos  esa es justo la sensación que se me queda a mi en el cuerpo cuando escucho ese concierto….PERFECTA.

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